Todo comienza con una denuncia o una querella. En esta etapa se recopilan pruebas, testimonios o antecedentes en tu contra. Aunque aún no estés formalizado, es fundamental actuar con rapidez: lo que hagas (o no hagas) aquí puede marcar tu futuro.
Puedes ser citado como imputado o incluso detenido. En ambos casos, tienes derecho a guardar silencio y a ser defendido. Acá es clave tener un abogado que proteja tus derechos y evite que cometas errores que te perjudiquen más adelante.
En esta audiencia el fiscal presenta públicamente los cargos en tu contra y puede solicitar medidas cautelares, como firma mensual, arraigo o prisión preventiva. Una defensa activa puede impedir que quedes preso o que se agrave tu situación.
Tu abogado presenta pruebas, objeta las del fiscal y define la estrategia de defensa. En este punto se pueden negociar salidas alternativas, suspensiones condicionales o acuerdos favorables. No es solo defenderse, es negociar con inteligencia.
Si no hay salida anticipada, se llega a juicio. Aquí el fiscal intentará probar tu culpabilidad y tu defensa deberá rebatir cada argumento. Todo depende de la preparación, la estrategia y la experiencia de quien te representa.

No actuar a tiempo puede costarte la libertad, tu trabajo o incluso el contacto con tu familia.Toma acción ahora, antes de que las consecuencias sean irreversibles.
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